Aún comtemplando en su encuentro celestial, Juan Diego, el servidor de Nuestra Señora de Guadalupe, llegó a la residencia
del obispo. Entonces, él contó al obispo su historia asombrosa. Con
incredulidad, el obispo
dijo cortésmente al indio que regresara otro día."
Esa misma
tarde, Juan Diego volvió al tope de la colina de Tepeyac, donde él primero había
visto a la Hermosa Señora. Y allí estaba ella esperándolo. Juan
Diego le pidió a ella que enviara a alguien de major estatura social --- alguien más digno que
él mismo, para realizar su petición.
Nuestra Señora
respondió dúlcemente, "Eschucha, el más pequeño de mis hijos,
ten por cierto que no son escasos mis servidores, mis mensajeros, a quienes
encargue que lleven mi aliento, mi palabra para que efectúen mi voluntad;
pero es muy necesario que tu, personalmente,
vayas, rueques que por tu intercesión se realice, se lleve a efecto mi querer,
mi voluntad. Y mucho te ruego, hijo mío el menor, y con rigor te mando,
que otra vez vayas mañana a ver al obispo. Y de mi parte hazle saber,
hazle oír mi querer, mi voluntad, para que realice, haga mi templo que le pido.
Y bien, de nuevo dile de que modo yo, personalmente, la siempre virgen Santa
María, yo, que soy la Madre de Dios, te mando." (de
la Nican Mopohua)
El 10 de diciembre, el humilde
servidor de la Hermosa Señora pudo tener otra audiencia con el obispo. Esta vez, el obispo
prestó más atención porque él había estado rogando a Dios para encontrar una manera eficaz
de llevar las enseñansas y la fé verdadera
a la gente del continente americano. El
obispo pidió a Juan Diego una " muestra o signo " de la Hermosa Señora
como prueba de que él dice a la VERDAD.
¡ELLA ES LA MADRE DEL DIOS!
¿NECESITAMOS TAMBIEN UN "SIGNO" PARA CREER?