| El obispo de la Ciudad de México era un hombre
santo. Él era un misionero franciscano, enviado de España para enseñar la fe verdadera a los indios paganos. Su nombre
era Obispo Zumárraga y siendo un hombre sensible en materias de tomar
decisiones,
él había pedido a Juan Diego un "signo " de la Señora del Cielo
para poder creer. |
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Mientras Juan Diego hiba de regreso a su casa, "la Hermosa Señora arropada con el sol" lo saludó. Él informó a la Madre de Dios lo que el obispo solicitó, una " señal especial " de ella, para creer su historia. La Señora cabeceó lentamente mientras escuchaba el mensaje. Ella sonrió y dijo, " Bien esta, hijito mío, volverás aquí mañana para que lleves al obispo la señal que te ha pedido;
con esto te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará; y
sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que
por mí has emprendido; ea vete ahora; que mañana aquí te aguardo."
(de la
Nican Mopohua)
Con mucha alegría en
su corazón, Juan Diego continuó camino a su casa. Cuando él se paró para visitar a su tío,
Juan Bernardino, se sorprendió al encontrarlo muy enfermo y con una fiebre mortal. Como sobrino cariñoso, él
permaneció con él esa noche. Su condición empeoraba al paso de cada hora.
¡Juan Diego sabía que su tío iba a morir
pronto!
Temprano en la mañana del 12 de diciembre, Juan
Diego salió para la Ciudad de México en busca de un sacerdote que regresará con
él, a Tulpetlac, antes de que su tío muriera. Recordandose de su promesa de
encontrarse con la Hermosa Señora esa mañana, Juan Diego tomó otra ruta,
alrededor de la montaña, para evitar encontrarse a la Señora. Él
deseaba complacerla, pero sentía el deber de encontrar a un sacerdote para su tío primero.
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En la distancia, Juan Diego vió a la morena
princesa, la Hermosa Señora parecía " flotar " mientras bajaba por la ladera
de la moñtana. Ella sonrió y preguntó, "¿Qué pasa, el más pequeño de mis
hijos? ¿A dónde vas, a dónde te diriges?" Con mucha ansiedad, y
preocupado que el tiempo se hacía corto, contestó rápidamente,
" noble Señora, mi tío esta muy enfermo con la plaga y está muriendo. Estoy
de camino a la ciudad en busca de un sacerdote para que venga a oír su
confesión
y darle el Sacramento de Consagración de los Enfermos. Cuando haga esto, volveré aquí." |
La señora escuchó con atención y con el amor y la preocupación profunda de una madre ~
ella invocó las palabras que producirían eco
atravez de los siglos:
"Escucha,
ponlo en tu corazón hijo mío el menor, que no es nada lo que espanto, lo que
te aflijió que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad,
ni nunguna otra cosa punzante, aflictiva.
¿Yo
estoy aquí, Yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sobra y resguardo?
¿No soy la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en
el cruce de mis brazos?
¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?
Ella se detuvo brevemente, y continuado dijo,
Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que no te apriete con pena la enfermedad de tu tío, porque de él no morirá por ahora. Ten por cierto que ya está bueno." (de la Nican Mopohua)